Pont à Mousson, Junio 2018

Todos sabemos de la estupenda escena custom francesa, pero no eres capaz de concebir su verdadera magnitud hasta que visitas un evento como este, que reúne a algunos de los mejores artistas y motos en una estupenda localización. Tradicionalmente programado para el último fin de semana de Junio, la cuarta edición de Chopperfest se dio cita en el Centre Michel Bertrelle en Blénod-les-Pont-a-Mousson, junto al río Moselle. Una impresionante fiesta que congregó a lo mejor de Francia y el Benelux.

Texto y fotos: Horst Rossler (motographer.de)
Adaptación:  Patxi Mesa

A veces, los burnout no salen como esperas. Con la rueda trasera de su Street Glide humeando más que ninguna otra, Alex vio con sorpresa su escape arder cuando la rueda aún giraba. Su chica saltó del asiento en el acto y el fuego fue sofocado a base de cervezas, justo a tiempo antes de que las llamas llegasen al depósito y dañasen otros componentes. Moraleja: si has pintado los escapes, no los calientes hasta llevarlos el rojo vivo.

Curiosamente, los demás no escarmentaron con la experiencia ajena sino que continuaron intentando emular la hazaña que pasó a ser uno de los incidentes más comentados de la edición. ¡Definitivamente, se montó una gran fiesta a orillas del río Moselle! Los organizadores, “Chopper Freakers Band” eran parte de otro club, “Get a Rigid”, cuando se unieron a un M.C. norteamericano y, en poco tiempo, consiguieron juntar a un buen puñado de amantes del Chopper, con lo que decidieron reunirse el cuarto fin de semana de Junio. Al más puro estilo francés, el show reunía coches americanos, constructores, una exposición de Kustom Kulture y un montón de buena comida. El viernes por la noche empezó a llegar el personal y el sábado por la mañana más de 550 palets, gentileza de un miembro que tiene una empresa de logística, se instalaron en stands, pasarelas y escenarios, gracias al esfuerzo de todos los miembros del club. El “Indoor Art Show” desplegó una gran variedad de obras de arte sobresalientes que abarcaban pinturas, arte en metal, dioramas, pintura en cristal, arte Tiki, moda, tallas en madera, joyería y hasta una barbería. Todo lo que podía customizarse estaba allí, y a la venta. Para que nos entendamos: la selección de imágenes es sólo un pálido reflejo de la espectacular variedad exhibida. ¡Esto es Kustom Kulture en su máxima expresión! Con los miembros de “Chopper Freakers Band” ocupados en su rol de organizadores, sus coches y motos formaron parte del Indoor Show, siempre con algo nuevo, monturas mejoradas y remozadas para demostrar el trabajo realizado durante el invierno. El evento y la fiesta se realimentan el uno al otro: la zona escogida es un área deportiva, junto a lo que fue un circuito de motocross, y cuenta con instalaciones de camping para acoger a los visitantes. El acceso a la manzana principal está reservado a motos cutom y coches americanos, lo que garantiza muy buenas fotos. La música en vivo comienza el sábado noche con excelentes bandas que versionean, de las que ponen el escenario patas arriba. Lo único realmente “oficial” del programa es la entrega de premios del bike show, como siempre han hecho: las motos se escogen de entre los clubes y los privados, y pasan por el escenario en lo que se convierte en una especie de concurso de quemadas de rueda. Concursantes y visitantes se dejan la rueda en una especie de cajón doble para burnouts que, por cierto, funcionó a la perfección. La fiesta se alarga hasta la mañana siguiente, con el amanecer aflorando en las montañas. Mientras la mañana del domingo transcurre con motos yendo y viniendo, muchos vecinos se acercan a ver su concentración, tanto las máquinas como la exposición de arte. Todo el centro de Pont à Mousson está bloqueado por el mercadillo de fin de semana, por lo que más de uno se acerca, suelta la familia en el pueblo, y se dirige donde huele a gasolina. No hay desfile en PAM, pero a muy pocos minutos tienes unas estupendas rutas por Woevre o la Lorena suiza, si quieres rodar. Debido al “cansancio” provocado por la fiesta, el domingo es bastante relajado pero siempre con algo que ver o hacer. Actuaciones de música en vivo se van sucediendo a buen ritmo. Pont à Mousson es una ciudad muy visitada, con las ruinas del castillo ofreciendo una estupenda vista del valle del Moselle y alrededores. No se sabe a ciencia cierta cuándo fue construido pero fue destruido bastante antes de la Primera Guerra Mundial, cuando la colina del castillo marcaba la división entre franceses y alemanes, éstos últimos atrincherados en la colina de enfrente. De hecho, fueron Louis XIII y Richelieu quienes lo redujeron a ruinas en 1633, aunque la Cruz de La Lorena, estandarte de sus rebeldes habitantes, vuelve a lucir en lo alto. Si dispones de tiempo, la vista desde las ruinas es estremecedora y confirma su alto valor estratégico. Los caballeros de la época alucinarían si viesen la clase de acción que hoy tiene lugar en estas orillas. La acerería de Pont à Mousson, que antaño producía a destajo, sigue siendo la mayor fuente de empleo de la ciudad, aunque sus hornos son ahora más limpios y silenciosos que nunca. Produjimos más humo, quemando rueda, que la factoría en todo el fin de semana. Y como los organizadores no se cortan a la hora de los burnout, no hay motivo para que no lo hicieramos el resto. Esto no es sólo una gran fiesta a lo Old School sino, más bien, una demostración de Kustom Kulture que deberías marcar en tu calendario.