Chopper Heaven

Vieja escuela. Simplemente, imagina una reunión de Choppers y una receta mágica: un buen lugar al que acudir en tu caballo de hierro, reunirte con amigos, tomar unas cervezas y disfrutar de una banda sonora “infernal”. Flanders Chopper Bash es el cielo para los amantes del Custom más auténtico.

Texto y fotos: Jérémie Di Stefano
Adaptación:  Patxi Mesa

Flanders Chopper Bash ha vuelto a dar la campanada este año, reunió a amantes del Chopper de toda Europa. Navegando contra corriente, el Bash es una bocanada de aire fresco y se celebra en Bélgica, hacia finales de Junio. Está casi en la frontera con Holanda pero a escasos 100kms al norte de Lille. En un paraje rodeado de vacas pastando es donde tiene lugar la gran celebración biker. Incluso con la lluvia, que se auto-invitó a la celebración del sábado por la tarde, no hubo forma de aguar la fiesta. De hecho, no fueron pocos los que lo aprovecharon para pasarlo en grande con el barro, bien sea con sus motos, o en modo Woodstock, tirados como hippies. Y es que hay que destacar lo relajado del ambiente: todos y cada uno de los asistentes viene a pasarlo bien con los amigos, la cerveza fluye generosamente y el Rock´n´roll es salvaje. El Chopper Bash simplemente ofrece un espacio de libertad. Es un evento puro y duro, así de sencillo. En los alrededores no vas a encontrar hoteles ni supermercados, ni una ciudad de aceptable tamaño en treinta kilómetros a la redonda. De modo que está bien lejos, en un gran campo donde montar el circo y las tiendas de campaña. Bajo las carpas, el programa de conciertos se reparte durante todo el fin de semana, aunque el gran momento es el sábado por la noche.

Alrededor de este centro neurálgico se agrupan los expositores. Cuando llegamos este año abría el baile el joven alemán Ricky de Haas, con su stand de Wannabe Choppers. Conocido por sus accesorios de aluminio, esta vez se superó con la moto de aluminio que ya hemos visto en estas páginas. Rígida y cruda, sin adornos, su creación se mezcla con el resto de Choppers. Y eso a pesar de que es una moto eléctrica equipada con una batería oculta en un falso depósito de aceite que alimenta un motor en el buje trasero. Herejía o genialidad, lo cierto es que la controversia estaba servida y el debate estuvo a la altura. Más tarde apareció Dom, de Choppers Syndicate, con el que siempre es un placer hablar en belga con acento valón. También respondió a la llamada Sebastien de Seb Cycles. Desde más lejos llegó Alain Battistela que descubría el FCB, y no hace ser adivino para ver que quedó prendado. Es comprensible. Durante el día, la norma son las idas y venidas de los grupos de largas motos, con el pretexto de visitar un trozo de mar que se encuentra a unos treinta kilómetros. Al caer la tarde empieza la fiesta para unos, aunque para otros simplemente continúa. El campamento cobra vida y aparecen improvisadas barbacoas. Pequeños grupos se apiñan alrededor del fuego con un vaso, mientras otros se afanan en resolver los pequeños problemas mecánicos que han podido surgir durante el día. Entonces se encienden las guirnaldas para anunciar la larga noche que se acerca.La música suena a toda potencia y el bar principal despacha la cerveza local  “Jupiler” por barriles. Flanders Chopper Bash no es un festival de comida rápida con interminables filas de food-trucks aunque haya alguno, cómo no y siendo belgas, de patatas fritas… La secuela resultante es una noche muy loca en el paraíso del Chopper. Como el Linkert Attack, el Chopper Party en Francia o el Old & Proud de Calafell,  Flanders Chopper Bash es un buque insignia para todos los amantes del hierro de Milwaukee.

Flanders Chopper Bash